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miércoles, 28 de marzo de 2012

EL PLAYBOY ENAMORADO: Capitulo 9


-¡No! De verdad que no hace falta. Ya has he­cho suficiente -aseguró Miley poniéndose de pie en la bañera-. Más que suficiente.
-¿Qué te ocurre? -preguntó Nicholas mirán­dola fijamente mientras entraba en el hidroma­saje-. ¿De qué te asustas? ¿Tienes fobia a las ba­ñeras, o algo parecido?
-No, pero...
Miley se detuvo, consciente de que se había sonrojado. Trató de no mirar hacia el pecho des­nudo de Nicholas, pero fue inútil.
-¿No crees que es... que no es apropiado que estemos los dos juntos en un jacuzzi? -continuó ella.
-¿Por qué? -preguntó Nicholas con expresión de asombro-. No estamos desnudos... aunque yo tengo que admitir que normalmente no llevo nada puesto en la bañera de hidromasaje.
-Eso es más de lo que yo necesito saber -res­pondió Miley cerrando los ojos y ahogando un ge­mido.
-Tú limítate a sentarte.
-¿Por qué estás haciendo todo esto? -pre­guntó ella obedeciendo con un suspiro.
-Te lo debo después de aquella espantosa fiesta -aseguró Nicholas colocando de nuevo las manos sobre su hombro-. Perdiste una noche li­bre, aunque por suerte tu juego no se ha resen­tido por ello. Eres la jugadora del momento...
-Eso parece -respondió Miley sonriendo ante la frase-. Tengo que decirle esa expresión a Liam. Le va a encantar.
-¿Estaba él allí esta noche? -se interesó Nicho­las sin dejar de masajearla.
-Siempre está. Es el capitán del equipo.
-Y además, quiere ser algo más que un amigo para ti -aseguró él.
-Esa sí que es buena —respondió Miley soltando una carcajada-. Estás equivocado. Liam y yo somos amigos desde la época de la Universidad.
-Créeme. Sé de lo que estoy hablando. He visto el modo en que te mira -afirmó Nicholas.
Miley cambió de tono. Él no estaba bromeando. Abrió mucho los ojos y se dio la vuelta para mi­rarlo.
-¿Y cómo me mira?
-Como si quisiera llevarte a la cama -respon­dió Nicholas con voz grave y los ojos repletos de secretos.
El estómago de Miley dio un vuelco ante la idea de que Nicholas quisiera llevarla a la cama. Du­rante un instante, se quedó sin respiración. ¿De dónde habría surgido semejante idea?
-No he notado nada de eso -aseguró sacu­diendo la cabeza.
-Tal vez porque no es lo que tú buscas -insis­tió Nicholas mientras le apartaba un mechón de pelo de la mejilla.
-O tal vez sea porque me resulta inverosímil. Yo no soy...
-No me digas que no eres bonita. La belleza está en los ojos del que mira -la interrumpió él.
-De acuerdo -concedió Miley poniendo los ojos en blanco-. Digamos entonces que no soy sexy.
Nicholas resbaló la mirada lentamente sobre su rostro, se detuvo en sus labios durante tanto tiempo que Miley sintió que le ardían, luego la deslizó hacia los pechos y siguió más abajo. Ella notó que los pezones se le ponían erectos y se hundió más en el agua.
-Esa es una cuestión de opiniones -aseguró Nicholas mirándola de nuevo a los ojos.
El corazón de Miley latía apresuradamente con­tra su pecho. Sentía como si fuera a disolverse entre las burbujas de agua caliente. Trató de libe­rar aire mediante un suspiro, pero solo consiguió emitir una especie de gemido. La intensa sexuali­dad que desprendían los ojos de Nicholas le ha­bía hecho estallar todos los circuitos y, como si tuviera vida propia, el cuerpo de Miley se inclinó hacia él y elevó instintivamente los labios.
Y Nicholas bajó los suyos.
Ella retuvo durante un instante el aire. Iban a besarse.
Pero una parte hasta entonces dormida de su cerebro racional pareció despertar en aquel ins­tante. Aquello era una locura. Miley se obligó a sí misma a echarse atrás.
-Se te da muy bien -dijo, deseando que la voz no le saliera demasiado ronca.
-¿Qué quiere decir eso?
-Quiero decir que estoy empezando a enten­der por qué las mujeres caen rendidas a tus pies. Las seduces sin siquiera proponértelo. Es algo que está en tu voz y en tus ojos, lo traspiras por todos tus poros. Cualquier mujer podría confun­dirse y creer que para ti ella significa algo -ase­guró Miley estirando la espalda aunque por den­tro se sentía como mantequilla derretida-. Pero no yo.
-¿Por qué tú no?
-Porque el mayor error que podría cometer una mujer sería creer que sólo la deseas a ella -respondió poniéndose de pie-. Y puede que yo sea algo inexperta, pero no soy estúpida.
-O sea, que me estás diciendo que eres com­pletamente inmune -dijo Nicholas incorporán­dose a su vez frente a ella con un brillo retador en la mirada.
-No he dicho que sea inmune -se defendió Miley con la extraña sensación de que había des­pertado a un león dormido-. Sólo he dicho que...
-Quieres decir que si te hubiera besado, no te habrías inmutado -continuó él acercándose más.
-Tampoco he dicho eso -insistió ella, alar­mada-. Es solo que...
-Veamos -la interrumpió Nicholas inclinando la boca sobre la suya.
Miley se quedó congelada por el impacto, con los ojos completamente abiertos y la visión nu­blada por su cercanía. Trató de abrir la boca para hablar, pero Nicholas interpretó aquel movimiento como una invitación para profundizar el beso.
-Qué labios tan suaves... -murmuró él sobre su boca, provocándole una deliciosa vibración.
Nicholas le recorrió la boca de extremo a ex­tremo con movimientos sensuales, y Miley sintió la firme aunque suave presión de su mano sobre su trasero.
Mientras ella pensaba que tenía que concen­trarse, Nicholas la atrajo más hacia sí. Aplastó el torso contra sus pechos y hundió la lengua con más fuerza entre sus labios separados.
Miley tenía el corazón totalmente acelerado, y se debatía entre el deseo lascivo y la sensatez. Pero cuando Nicholas deslizó una mano tras su nuca, aquel simple gesto la dejó sin defensas. Él la besó con una mezcla de curiosidad y deseo controlado, y Miley no pudo evitar imaginarse qué ocurriría cuando diera rienda suelta a su pasión. La oscura energía que se escapaba a través de sus caricias le provocó una intensa oleada de calor que le recorrió todo el cuerpo.
Aquel era un hombre que sabía cómo dar y re­cibir placer. Un hombre sin traumas ni inhibicio­nes. Transmitía confianza plena en su sexuali­dad.
Miley abrió la boca, y, siguiendo un instinto des­conocido, enredó la lengua en la suya, atrayén­dola hacia sí.
Nicholas exhaló un murmullo de aprobación y se apretó contra ella, permitiendo que notara su erección a través del bañador húmedo. Él co­menzó entonces a devorarle la boca con la suya. Algo dentro de Miley le dijo que debía responder a cada beso, a cada caricia, y cómo hacerlo. El ca­lor de Nicholas la calentaba, y cuando él deslizó las manos por su trasero para atraerla hacia sí más íntimamente, Miley sintió que las rodillas le flaqueaban. Él la deseaba, y los signos visibles de su cuerpo que así lo confirmaban provocaron que la cabeza le diera vueltas.
-Ojalá no llevaras nada puesto, maldita sea -susurró Nicholas mientras deslizaba la mano so­bre uno de sus pechos y le acariciaba el pezón con el dedo pulgar-. Quiero besarte por todas partes.
La imagen de aquellos labios sobre su pezón atravesó la mente de Miley, provocándole una punzada de deseo.
Nicholas la tomó de la mano y la guió a través de su vientre hacia abajo en dirección a la cintu­rilla de su bañador. De pronto, se detuvo y soltó una palabrota mientras apartaba la boca de la de Miley. Los ojos le ardían como el fuego mientras la observaba fijamente con la respiración entre­cortada. No dijo nada, pero ella podía leer en su rostro la siguiente frase: « ¿Qué demonios estoy haciendo?»
La vergüenza y el deseo tiraban de ella en di­recciones opuestas. Miley dio un paso atrás, tra­tando de recuperar el aliento. Se mordió el labio inferior y observó cómo la mirada de Nicholas se posaba en sus labios para luego descender hacia el bañador. Aquella mirada le provocó otra pun­zada de deseo...
-Esto no ha sido una buena idea –aseguró Miley apartando los ojos y clavando la vista en el suelo.
—Lo sé —respondió él.
A una parte de ella, la más loca, le hubiera gustado que Nicholas no estuviera de acuerdo.
-No soy tu tipo.
-Lo sé -repitió él de inmediato.
Miley compuso una mueca. Al menos podría ha­ber esperado un segundo antes de darle la razón.
-Soy la niñera de tu hija -dijo ella tratando de serenarse y ser racional-. Y estoy segura de que no tengo tanta experiencia sexual como tú. No es justo por tu parte que juegues conmigo. Es como enviar un F-18 a luchar contra alguien que tiene una pistola de agua.
-Creo que subestimas tu capacidad de atrac­ción -aseguró Nicholas mirándola fijamente.
Miley sintió que se derretía con aquella mirada, pero se esforzó por luchar contra aquella arma de seducción.
-Esta bien, pero no subestimo la tuya. Búscate a al­guien de tu nivel. Alguien a quien no dejes sin respiración -concluyó Miley.
Entonces se dio la vuelta y salió de allí a toda prisa, como si los perros del infierno le fueran pi­sando los talones.


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HOLA CHICAS, BUENO ACA LES DEJO UN CAP MAS DE ESTA NOVE :) HOY PENSABA SUBIRLES UN MINI MARATON PERO LA VERDAD NO ME SIENTO BIEN, TENGO UN DOLOR ABDOMINAL INSOPORTABLE :S BUENO DEL DEJO UNO MAS DEOLA DE CALOR Y LISTO BESITOS


5 comentarios:

  1. aaaaaaahhhhhhhhhhhhhhh
    qe emocion!!!!
    yo no me resistiria a Nick♥
    me encanto el capi me qe de =O qiero mas...
    pero claro cuando puedas ;) TQM ... besitoss!!

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  2. awww mi hermanita espero que ya mañana no lo tengas jum ay ahhh me encanto el cpai ahh tienes que seguirla seguila plisss ahhh muero por ver el siguiente awww

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  3. hahhaa maldito Nick, la besaa y luego le dice que no es su tipo grr

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  4. oooowww me encanto aaahhh ME MUERO POR SABER K PASA AAAHHHH
    POR FAVOR NO LA DEJES AHI !!
    ME VOY A MORIR AAHH
    POR K ERES MALA COMO LA VAS A DEJAR AHI !!!
    PORFAVOR POR LO K MAS KIERAS SUBE PRONTO LO MAS PRONTO POSIBLE !! PORFAVOR :)

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