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miércoles, 28 de marzo de 2012

Ola de Calor: Capitulo 10


Se abrió la puerta de la oficina. Miley levantó la cabeza. Era Selena, que iba a recoger la bandeja con la limonada y los vasos.
—Hay ciento setenta y cinco dólares en la caja; he vendido la lámpara de cristal. ¿Qué te parece?
—Magnífico.
—Ya no hay ningún cliente. Mandaré a Marie temprano a casa.
—Bien —Miley esperó, segura de que Selena comentaría algo sobre Nick.
Pero su ayudante y amiga no comentó nada sobre el milagro de que Miley recibiera la visita de un hombre. Sólo sonrió y levantó la bandeja.
—Ahora puedes estar segura de que puedo atender la tienda muy bien si algún día quieres irte más temprano.
—No quiero irme temprano.
—Vaya. Pareces irritable. Por lo visto el calor nos está afectando a todos —observó su ayudante con voz apacible, y se fue.
Miley volvió a conectar el teléfono y se pasó la siguiente hora revisando el montón de recibos y pedidos. Se dijo que Selena tenía razón. La ola de calor era el problema. No había llovido en varias semanas. Una persona no podía pensar con claridad con ese calor. No podía uno evadirlo, ignorarlo, apartarlo de su mente.
"Es un buen hombre, Miley. Un hombre especial. Y te gusta", se dijo.
Cuando el lápiz se rompió entre sus dedos, tomo otro. Sí, le gustaba. Era muy amable. Tenía sentido del humor, era natural y espontáneo y además un buen padre. Exudaba cariño cada vez que hablaba de sus hijas. Trataba con mucho afán de ser un buen padre. Era lo bastante humano para reconocer sus errores.
Y hacía palpitar el corazón de Miley como ningún otro hombre lo había conseguido antes.
El papel que tenía delante de los ojos le pareció borroso. Renunció a tratar de concentrarse y se apretó con fuerza las sienes. La palabra frígida acudió a su mente. Una mujer podía ser frígida de diversas maneras. Podía no sentir deseo. Podía estar tan llena de inhibiciones que no alcanzara el clímax. O, por cualquier otra razón, podía tener miedo de entregarse al placer.
Aunque la etiqueta de frígida no se aplicaba con exactitud a Miley. Nunca había temido a los hombres, ni al sexo. Cuando estaba con el hombre adecuado se excitaba con facilidad. Deseaba y necesitaba ser querida, no sólo físicamente, y sabía que su cuerpo era capaz de llegar al orgasmo.
Pero el caso era que esa experiencia con un hombre le causaba dolor. Dolor físico. Y no quería someter nunca más a un hombre al engorro de romper el encanto de su relación con sus gemidos de dolor.
El teléfono sonó. Lo dejó sonar.
Miley no era ninguna ingenua. Mick no habría ido allí si no estuviera interesado... y ella también lo estaba. Nick se había volcado demasiado tiempo en su trabajo. Por más que hubiera querido a Nicole, debía comprender que todavía estaba vivo, que tenía sentimientos y necesidades que debía satisfacer.
Pero no era ella la mujer que lo haría feliz, se dijo Miley con resignación. No tenía más alternativa que evitar enamorarse de él.               

El sábado a las dos. Miley cerró la puerta y bajó los escalones con su enorme bolso en una mano y una lista en la otra. Se dirigió a la casa de Nick en el momento en el que Angie cerraba la puerta de atrás.
—¿Has traído las llaves del coche de tu padre, querida? —preguntó Miley con alegría.
—Las tiene Noel.
Miley levantó la vista de la lista que llevaba en la mano, un poco desconcertada por el tono abatido de la chica al principio, y después por la expresión desolada que vio en sus ojos.
—¿Qué pasa? ¿Pasa algo malo?
—Todo. Este será sin duda el peor día de mi vida.
—Creí que tenías muchas ganas de ir de compras conmigo. No tenemos que hacerlo si no quieres.
—Sí, sí quiero. Pero yo deseaba ir sólo contigo. Ahora no podremos ir a comprar lo—que—tú—ya—sabes. Por favor, ni lo vayas a mencionar.
—Angie...
Noel las interrumpió cuando bajaba los escalones del porche. Estaba vestida como siempre, de forma estrafalaria y llamativa y llevaba toneladas de rimel. Tenía las llaves del coche de Nick en la mano. Le bastó con mirarla a la cara para ver que estaba tan irritada como su hermana.
—El va a venir. Tenemos que esperarlo —dijo Noel con resignación.
—¿Quién? —Miley estaba desconcertada.
—Papá.
—¿Pero, por qué va a venir con nosotros tu padre?
—Porque dice que se siente culpable si no nos acompaña —Noel hizo una mueca graciosa, luego suspiró—. Eso es lo que piensa. Cree que tiene que ir con nosotras. Dice que ya es hora de que aprenda algo sobre ropa y cosas de chicas. Dice que no nos preocupemos porque no dirá una palabra. Sólo nos seguirá en silencio.
Angie lanzó un bufido.
Miley, ¿no puedes hablar con él? No queremos herir sus sentimientos, pero... ¿no podrías convencerlo de que no venga?
Miley quiso que se la tragara la tierra. Se habría vestido y peinado de otra forma de haber sabido que Nick iría con ellas. Sólo llevaba puestos unos pantalones cortos y una blusa muy ligera; llevaba una coleta y no se había pintado casi. O más bien, si hubiera sabido que Nick iría, ella se habría quedado en casa.
Nick la había estado llamando cada noche, sólo para pedirle consejo sobre sus hijas. Esas llamadas nocturnas y su voz baja, gutural y aterciopelada hacían que se le acelerara el pulso. No había logrado poner fin a esas llamadas, pero eso no significaba que quisiera verlo.
—Creo que soy la menos indicada para decirle a su padre lo que debe hacer —murmuró—. De cualquier manera, creo que estamos exagerando. No será tan terrible.
—Oh, claro que lo será —aseguró Noel—. No has visto a papá en una tienda. No compra nada. Odia ir de compras. Y lo peor de todo es que cree que hace esto para ayudarnos.
—¿Sabes lo que dijo? —gimió Angie—. Todo el mundo usa ropa interior. Chicos y chicas. Todo el mundo. No hay por qué sentirse avergonzado por ello. ¡Oh, voy a morirme!
La puerta se oyó una tercera vez. Por un momento Nick no pareció ver a sus hijas. Sólo tenía ojos para  Miley. Sus ojos marrones lo miraron todo: su cola de caballo, el sol que quemaba las piernas desnudas de  Miley, su falta de maquillaje, sus pantalones cortos y blancos como la inocencia. La miró de tal forma que ella se sintió muy deseable. Y su sonrisa empeoró las cosas.
Por fin él se puso unas gafas de sol y miró a sus hijas. Con lentitud fue hacia el coche. Llevaba puestos unos pantalones de algodón, y una camisa recién lavada y planchada. Y Miley estaba segura de que hacía un sacrificio al ir con ellas. Sin embargo, exclamó:
—¡Caramba, toda una tarde de compras! ¡Cómo vamos a divertirnos!


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HASTA ACA CHICAS, ME VOY A DORMIR, NO DOY MAS DEL DOLOR U.U BESITOS ESPERO QUE ESTEN BIEN :) BYEEEE ♥

EL PLAYBOY ENAMORADO: Capitulo 9


-¡No! De verdad que no hace falta. Ya has he­cho suficiente -aseguró Miley poniéndose de pie en la bañera-. Más que suficiente.
-¿Qué te ocurre? -preguntó Nicholas mirán­dola fijamente mientras entraba en el hidroma­saje-. ¿De qué te asustas? ¿Tienes fobia a las ba­ñeras, o algo parecido?
-No, pero...
Miley se detuvo, consciente de que se había sonrojado. Trató de no mirar hacia el pecho des­nudo de Nicholas, pero fue inútil.
-¿No crees que es... que no es apropiado que estemos los dos juntos en un jacuzzi? -continuó ella.
-¿Por qué? -preguntó Nicholas con expresión de asombro-. No estamos desnudos... aunque yo tengo que admitir que normalmente no llevo nada puesto en la bañera de hidromasaje.
-Eso es más de lo que yo necesito saber -res­pondió Miley cerrando los ojos y ahogando un ge­mido.
-Tú limítate a sentarte.
-¿Por qué estás haciendo todo esto? -pre­guntó ella obedeciendo con un suspiro.
-Te lo debo después de aquella espantosa fiesta -aseguró Nicholas colocando de nuevo las manos sobre su hombro-. Perdiste una noche li­bre, aunque por suerte tu juego no se ha resen­tido por ello. Eres la jugadora del momento...
-Eso parece -respondió Miley sonriendo ante la frase-. Tengo que decirle esa expresión a Liam. Le va a encantar.
-¿Estaba él allí esta noche? -se interesó Nicho­las sin dejar de masajearla.
-Siempre está. Es el capitán del equipo.
-Y además, quiere ser algo más que un amigo para ti -aseguró él.
-Esa sí que es buena —respondió Miley soltando una carcajada-. Estás equivocado. Liam y yo somos amigos desde la época de la Universidad.
-Créeme. Sé de lo que estoy hablando. He visto el modo en que te mira -afirmó Nicholas.
Miley cambió de tono. Él no estaba bromeando. Abrió mucho los ojos y se dio la vuelta para mi­rarlo.
-¿Y cómo me mira?
-Como si quisiera llevarte a la cama -respon­dió Nicholas con voz grave y los ojos repletos de secretos.
El estómago de Miley dio un vuelco ante la idea de que Nicholas quisiera llevarla a la cama. Du­rante un instante, se quedó sin respiración. ¿De dónde habría surgido semejante idea?
-No he notado nada de eso -aseguró sacu­diendo la cabeza.
-Tal vez porque no es lo que tú buscas -insis­tió Nicholas mientras le apartaba un mechón de pelo de la mejilla.
-O tal vez sea porque me resulta inverosímil. Yo no soy...
-No me digas que no eres bonita. La belleza está en los ojos del que mira -la interrumpió él.
-De acuerdo -concedió Miley poniendo los ojos en blanco-. Digamos entonces que no soy sexy.
Nicholas resbaló la mirada lentamente sobre su rostro, se detuvo en sus labios durante tanto tiempo que Miley sintió que le ardían, luego la deslizó hacia los pechos y siguió más abajo. Ella notó que los pezones se le ponían erectos y se hundió más en el agua.
-Esa es una cuestión de opiniones -aseguró Nicholas mirándola de nuevo a los ojos.
El corazón de Miley latía apresuradamente con­tra su pecho. Sentía como si fuera a disolverse entre las burbujas de agua caliente. Trató de libe­rar aire mediante un suspiro, pero solo consiguió emitir una especie de gemido. La intensa sexuali­dad que desprendían los ojos de Nicholas le ha­bía hecho estallar todos los circuitos y, como si tuviera vida propia, el cuerpo de Miley se inclinó hacia él y elevó instintivamente los labios.
Y Nicholas bajó los suyos.
Ella retuvo durante un instante el aire. Iban a besarse.
Pero una parte hasta entonces dormida de su cerebro racional pareció despertar en aquel ins­tante. Aquello era una locura. Miley se obligó a sí misma a echarse atrás.
-Se te da muy bien -dijo, deseando que la voz no le saliera demasiado ronca.
-¿Qué quiere decir eso?
-Quiero decir que estoy empezando a enten­der por qué las mujeres caen rendidas a tus pies. Las seduces sin siquiera proponértelo. Es algo que está en tu voz y en tus ojos, lo traspiras por todos tus poros. Cualquier mujer podría confun­dirse y creer que para ti ella significa algo -ase­guró Miley estirando la espalda aunque por den­tro se sentía como mantequilla derretida-. Pero no yo.
-¿Por qué tú no?
-Porque el mayor error que podría cometer una mujer sería creer que sólo la deseas a ella -respondió poniéndose de pie-. Y puede que yo sea algo inexperta, pero no soy estúpida.
-O sea, que me estás diciendo que eres com­pletamente inmune -dijo Nicholas incorporán­dose a su vez frente a ella con un brillo retador en la mirada.
-No he dicho que sea inmune -se defendió Miley con la extraña sensación de que había des­pertado a un león dormido-. Sólo he dicho que...
-Quieres decir que si te hubiera besado, no te habrías inmutado -continuó él acercándose más.
-Tampoco he dicho eso -insistió ella, alar­mada-. Es solo que...
-Veamos -la interrumpió Nicholas inclinando la boca sobre la suya.
Miley se quedó congelada por el impacto, con los ojos completamente abiertos y la visión nu­blada por su cercanía. Trató de abrir la boca para hablar, pero Nicholas interpretó aquel movimiento como una invitación para profundizar el beso.
-Qué labios tan suaves... -murmuró él sobre su boca, provocándole una deliciosa vibración.
Nicholas le recorrió la boca de extremo a ex­tremo con movimientos sensuales, y Miley sintió la firme aunque suave presión de su mano sobre su trasero.
Mientras ella pensaba que tenía que concen­trarse, Nicholas la atrajo más hacia sí. Aplastó el torso contra sus pechos y hundió la lengua con más fuerza entre sus labios separados.
Miley tenía el corazón totalmente acelerado, y se debatía entre el deseo lascivo y la sensatez. Pero cuando Nicholas deslizó una mano tras su nuca, aquel simple gesto la dejó sin defensas. Él la besó con una mezcla de curiosidad y deseo controlado, y Miley no pudo evitar imaginarse qué ocurriría cuando diera rienda suelta a su pasión. La oscura energía que se escapaba a través de sus caricias le provocó una intensa oleada de calor que le recorrió todo el cuerpo.
Aquel era un hombre que sabía cómo dar y re­cibir placer. Un hombre sin traumas ni inhibicio­nes. Transmitía confianza plena en su sexuali­dad.
Miley abrió la boca, y, siguiendo un instinto des­conocido, enredó la lengua en la suya, atrayén­dola hacia sí.
Nicholas exhaló un murmullo de aprobación y se apretó contra ella, permitiendo que notara su erección a través del bañador húmedo. Él co­menzó entonces a devorarle la boca con la suya. Algo dentro de Miley le dijo que debía responder a cada beso, a cada caricia, y cómo hacerlo. El ca­lor de Nicholas la calentaba, y cuando él deslizó las manos por su trasero para atraerla hacia sí más íntimamente, Miley sintió que las rodillas le flaqueaban. Él la deseaba, y los signos visibles de su cuerpo que así lo confirmaban provocaron que la cabeza le diera vueltas.
-Ojalá no llevaras nada puesto, maldita sea -susurró Nicholas mientras deslizaba la mano so­bre uno de sus pechos y le acariciaba el pezón con el dedo pulgar-. Quiero besarte por todas partes.
La imagen de aquellos labios sobre su pezón atravesó la mente de Miley, provocándole una punzada de deseo.
Nicholas la tomó de la mano y la guió a través de su vientre hacia abajo en dirección a la cintu­rilla de su bañador. De pronto, se detuvo y soltó una palabrota mientras apartaba la boca de la de Miley. Los ojos le ardían como el fuego mientras la observaba fijamente con la respiración entre­cortada. No dijo nada, pero ella podía leer en su rostro la siguiente frase: « ¿Qué demonios estoy haciendo?»
La vergüenza y el deseo tiraban de ella en di­recciones opuestas. Miley dio un paso atrás, tra­tando de recuperar el aliento. Se mordió el labio inferior y observó cómo la mirada de Nicholas se posaba en sus labios para luego descender hacia el bañador. Aquella mirada le provocó otra pun­zada de deseo...
-Esto no ha sido una buena idea –aseguró Miley apartando los ojos y clavando la vista en el suelo.
—Lo sé —respondió él.
A una parte de ella, la más loca, le hubiera gustado que Nicholas no estuviera de acuerdo.
-No soy tu tipo.
-Lo sé -repitió él de inmediato.
Miley compuso una mueca. Al menos podría ha­ber esperado un segundo antes de darle la razón.
-Soy la niñera de tu hija -dijo ella tratando de serenarse y ser racional-. Y estoy segura de que no tengo tanta experiencia sexual como tú. No es justo por tu parte que juegues conmigo. Es como enviar un F-18 a luchar contra alguien que tiene una pistola de agua.
-Creo que subestimas tu capacidad de atrac­ción -aseguró Nicholas mirándola fijamente.
Miley sintió que se derretía con aquella mirada, pero se esforzó por luchar contra aquella arma de seducción.
-Esta bien, pero no subestimo la tuya. Búscate a al­guien de tu nivel. Alguien a quien no dejes sin respiración -concluyó Miley.
Entonces se dio la vuelta y salió de allí a toda prisa, como si los perros del infierno le fueran pi­sando los talones.


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HOLA CHICAS, BUENO ACA LES DEJO UN CAP MAS DE ESTA NOVE :) HOY PENSABA SUBIRLES UN MINI MARATON PERO LA VERDAD NO ME SIENTO BIEN, TENGO UN DOLOR ABDOMINAL INSOPORTABLE :S BUENO DEL DEJO UNO MAS DEOLA DE CALOR Y LISTO BESITOS


martes, 27 de marzo de 2012

Ola de Calor: Capitulo 9


Cuando se vio libre de sus ocupaciones, Miley estaba agotada, acalorada y sudorosa, y sorprendió a Nick observando con atención una caja de medallones.
El podía haberse sentido torpe y temeroso en la tienda, pero el almacén era otra cosa. Miley dudaba de que él tuviera por costumbre holgazanear un día laborable, pero en ese momento no parecía tener ninguna prisa. Su mirada estaba llena de curiosidad e interés, un interés masculino, y no precisamente por los medallones. Sus ojos no se despegaron de la joven mientras se incorporaba con lentitud.
—¿Siempre estás tan ocupada?
—Ojalá fuera así —suspiró Miley—. Este verano ha sido el mejor que he tenido. Todo el mundo está interesado en decorar su casa este año y, gracias a Dios, está de moda lo antiguo.
—¿Te va bien en el negocio?
—He logrado convencer a mi banco de que así es. Durante los últimos tres años han aceptado, con cierta renuencia, que soy una persona solvente.
Nick sonrió.
—Es mucha responsabilidad para una sola persona.
Miley movió la cabeza de un lado a otro.
—En realidad no. Tengo suficientes ayudantes. Selena es mi brazo derecho y tengo dos personas que trabajan media jornada. Ed trabaja en el almacén y cuento con él para todo. La mayor parte del tiempo no tengo otra cosa que hacer más que holgazanear en mi oficina.
Miley.
—¿Sí?
Los ojos de Nick se posaron en los de ella mientras se tomaba un vaso de limonada.
—¿Podrías tranquilizarte un poco? No voy a morderte.
Miley no recordaba con exactitud en qué momento habían entrado en su oficina o cuándo se había servido él la limonada. El caso era que antes estaban hablando de trabajo y de repente él estaba instalado y cómodo, con un vaso de limonada en la mano, en la única silla libre de su oficina.
Era evidente que Selena había desconectado el teléfono de Miley; sólo su ayudante habría tenido agallas para hacerlo. No era la primera vez que Selena intentaba hacer las veces de cupido.
Miley estaba sofocada. El aire acondicionado de su oficina nunca funcionaba bien, sobre todo cuando más falta hacía. En el cuarto hacía demasiado calor y Nick se encontraba demasiado cerca. Estaba segura de que él no había ido allí para hablar de antigüedades.
—Nick... —Miley envolvió el vaso de limonada con una servilleta y lo dejó en su escritorio—. Si estás aquí para hablar de lo de la otra noche...
Nick cruzó con desenfado las piernas.
—No recuerdo nada sobre la otra noche que pueda hacer que estemos nerviosos... o inquietos. ¿Tú sí?
—No. No, en absoluto. Bien, ¿entonces de verdad has venido a hablar de tus hijas?
Nick esperó un momento, y miró a su interlocutora después de darle otro sorbo a su limonada. Por fin, dijo:
—Conocí a ese tal Johnny hace dos días; creo que lo he espantado con mi falta de delicadeza. Desde entonces Noel me ha dicho varias veces que no me volverá a hablar el resto de su vida.
—Pobre Nick —sonrió Miley.
—Una de las veces en las que "no me hablaba", nos pusimos a discutir sobre el amor en los años noventa —Nick se rascó la barbilla—. Algo de lo que yo no sé absolutamente nada, según ella. Parece que los chicos ya no tienen por costumbre cortejar a las jóvenes, ¿verdad?
—Si me lo estás preguntando, me temo que hace mucho que dejé de ser experta en la materia.
—Pensé que serías la persona indicada para hablar del asunto.
—No estoy diciendo que no podamos hablar de ello.
—Bien —Nick vio cómo movía nerviosamente el cordón del teléfono—. ¿Necesitas ayuda con eso?
—No, no —soltó el cordón como si le quemara los dedos, tomó su limonada y sonrió—. Sigue hablándome sobre Noel.
—Mi problema es complicado. Verás... cuando comencé a cortejar a las chicas en los años setenta, estaba de moda la libertad sexual —Nick se aclaró la garganta—. Ahora es evidente que ha dejado de estarlo. Noel tiene decidido permanecer virgen hasta que se case. La he interpretado mal y sin duda estará ofendida toda su vida. Yo creí que estaba siendo realista y comprensivo. No tenía ni idea de que las muchachas estaban dispuestas hoy día a renunciar a su deseo sexual.
Miró a Miley con sus preciosos ojos chocolateMiley tenía ganas de pegarle. Tres noches antes, Nick había dejado bien claro que el sexo era un tema que podía tratar con toda naturalidad. Ella no podía objetar nada al respecto. En teoría, dos adultos maduros podían hablar de cualquier cosa, pero no era así en el caso de Miley. El estaba tocando un tema muy íntimo, que no tenía nada que ver con la hija de su vecino. Y ella tenía la sensación de que él lo sabía.
—Mi hija me dio una conferencia sobre Sida... y condones —otra vez Nick se aclaró la garganta—. Tengo que admitir que no estaba preparado para tener una charla con mi hija de quince años sobre anticonceptivos y todo eso.
—Nick.....
—Ella sabe más que yo. Tengo treinta y seis años. ¿No te parece humillante?
Miley no pudo contener la risa. El sonido pareció cautivar a su interlocutor, ya que clavó su mirada en los labios de la joven un instante que pareció interminable. Cuando sus miradas se encontraron, Miley sintió que el pulso se le aceleraba y luego Nick prosiguió, con voz lenta, suave.
—Llevo años sin salir con una mujer, Miley... algo que no tardó en recordarme mi hija. ¿Cómo puedo fijar las reglas para ella cuando ignoro la menor idea de cómo cortejar, seducir o siquiera hablar con una mujer según las normas de los noventa? Noel piensa que necesito que me enseñen.
—Nick...
—Creo que necesito mucho más que eso. Incluso hace años, cuando era joven, nunca fui muy hábil en el amor, nunca sabía decir lo apropiado en el momento justo. Hubo una época en la que me las arreglaba para darle a entender a una mujer que estaba interesado en ella, pero con el tiempo se atrofian todas las facultades que no se practican —le dirigió una sonrisa candida a su interlocutora—. Por supuesto, si encontrara a una mujer comprensiva con mucha paciencia dispuesta a aconsejarme...
Miley sintió que tenía un nudo en la garganta.
—Por supuesto, estamos hablando de aconsejarte sobre Noel.
Nick levantó las cejas.
—¿De qué otra cosa podíamos haber estado hablando? —agarró su casco y se puso de pie—. Y sólo tener la oportunidad de comentarlo... me ha ayudado. Más de lo que puedes suponer.
Ella no había hecho nada para ayudarlo y él lo sabía, y ella sabía que él lo sabía. Queriendo deshacerse de ese complicado razonamiento, Miley se puso de pie.
—¿Tienes que volver al trabajo?                  
—Sí, y además, ya te he quitado mucho tiempo.
Nick sonrió. Luego inclinó la cabeza y Miley no tuvo tiempo de apartarse; simplemente no se le ocurrió que iba a besarla hasta que lo hizo. Los labios de Nick apenas rozaron los de ella.
Luego Nick puso la mano en el picaporte de la puerta.
—Pensé que los dos estaríamos más tranquilos sabiendo que lo de la otra noche no tuvo importancia —murmuró—. No tenemos por qué estar nerviosos o inquietos, ¿verdad, Miley?
—No.
—Bien —Nick sonrió, se puso el casco y cerró la puerta al salir.
Miley se dejó caer en su silla y se pasó las manos por el pelo, sin importarle que se estuviera despeinando. ¡Ese hombre! O su imaginación le estaba jugando una mala pasada o Nick Larson era uno de los hombres más perspicaces que ella había conocido.


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BUENO HASTA ACA POR HOY, ME VOY A SEGUIR ESTUDIANDO Y A DORMIR, NO DOY MAS! la profesora de gim hoy nos mato u.u me duele todo, y eso que estoy acostumbrada a hacer deportes u.u bueno en fin, voy a estudiar en la cama cosa que si me agarra sueño no estudio mas JAJJSJJAJ byeeee ♥

EL PLAYBOY ENAMORADO: Capitulo 8


Miley abrió la puerta del armario y tragó saliva. Estaba aterrada. Acababa de aceptar una semicita con Nicholas Barone. Aunque de hecho no se trataba ni siquiera de eso, sino que ella era un remiendo de última hora para un plan al que a él no le apetecía ir.
Miley sintió que el corazón le golpeaba con fuerza en el pecho. Entonces, ¿por qué había acep­tado? Nicholas le había parecido tan guapo y tan indefenso, y tan enternecido cuando Molly lo ha­bía llamado papá, que había sentido lástima por él.
 Sabía que aquello era ridículo. Se trataba del soltero más deseado de Boston. Era tan atractivo que cualquier mujer necesitaría un traje ignífugo para estar a su lado. Miley le echó un vistazo a su guardarropa, preguntándose si tendría algo que repeliera el fuego.
Miró el reloj y sintió otra oleada de pánico. Se suponía que tenía que convertirse de niñera a acompañante adecuada en menos de veinticinco minutos, cuando lo cierto era que necesitaría al menos una semana para llevar a cabo semejante transformación.
-Una semana... -murmuró mientras sacaba del armario un jersey marrón y una falda larga a juego.
Confiaba en que todavía le cupiera. Luego sacó un par de botas, y pensó que le harían falta también unas medias. Se dirigió a la cómoda donde guardaba la lencería. El último par que se había puesto tenía una carrera, y, al parecer, no tenía otro.
De nuevo una oleada de pánico. Intentaría ta­parla con la falda. Luego se miró en el espejo. Tenía que hacer algo con el pelo y con la cara.
Tras varios intentos fallidos de pintarse la raya del ojo, Miley se rindió. Se aplicó un poco de lápiz de labios y luego rimel en sus pálidas pestañas, se recogió el pelo en un moño informal del que se escapaban varios mechones rebeldes, pero no te­nía forma de controlarlos. Nerviosa y llena de dudas, bajó las escaleras.
Nicholas se la quedó mirando durante un rato tan largo que estuvo a punto de darse la vuelta y regresar por donde había llegado.
-Chocolate -dijo él finalmente-. Te sienta muy bien el color chocolate.
Miley se sintió casi hermosa. Tras un corto trayecto en el deportivo de lujo de Nicholas, llegaron a casa del alcalde. Un aparcacoches se encargó del vehículo y una doncella con uni­forme negro les guardó los abrigos. Con una sola mirada al recargado salón del alcalde Foorwood, Miley supo que no estaba adecuada­mente vestida. Casi todas las mujeres de la fiesta llevaban el típico vestido corto de color negro. Miley ni siquiera tenía uno de ese tipo. No lo había necesitado para su anterior tra­bajo, y desde luego tampoco para la pista de voleibol. Trató de dejar a un lado su incomodi­dad e intentó proyectar hacia el exterior una seguridad que no sentía.
Una mujer vestida con traje negro y collar de perlas se acercó hasta Nicholas y le tendió la mano.
-Nicholas, estamos encantados de que hayas venido. Bill siempre dice que una fiesta no es una fiesta si no hay representación de los Barone. Pensé que Nicole se reuniría también con nosotros -dijo la mujer observando a Miley.
-Nicole está enferma, y Miley ha sido lo sufi­cientemente amable como para acompañarme en el último momento -aseguró Nicholas-. Miley Fenton, Jo-Ann Forwood.
-Es un placer conocerla. Tiene usted una casa preciosa -dijo Miley.
-Gracias. ¿Trabaja usted con Nicholas? -pre­guntó Jo-Ann mirándola con mal disimulada cu­riosidad.
-Bueno, acabo de empezar a...
-Miley es una buena amiga de la familia -inte­rrumpió Nicholas-. ¿No acabas de decirme que tienes sed? -preguntó girándose hacia ella.
Miley se preguntó por qué no querría que Jo-Ann supiera que era la niñera de su hija.
-Avisaré al camarero para que os atienda -dijo Jo-Ann-. Discúlpenme un momento.
-¿Por qué no quieres decirle que soy la niñera de tu hija? -le espetó Miley en cuanto la otra mu­jer se hubo marchado.
-Porque no es asunto suyo -aseguró Nicholas con irritación.
-¿Y no será porque te da vergüenza estar aquí con una niñera?
-Yo hago lo que me viene en... -comenzó a decir él con los ojos llenos de rabia-. Luego ha­blamos. Por aquí viene el alcalde.
Durante los siguientes treinta minutos, Miley conoció a seis personas, y todas ellas pregunta­ron por Nicole.  Miley cada vez se iba poniendo más sombría ante la expresión de duda que mostraban sus rostros cuando la miraban. Se sentía como un pez fuera del agua. Y, para ser sinceros, no tenía ningún interés en entrar en el agua. Por alguna extraña razón, lo único que quería era agradar a Nicholas. Pero la fiesta si­guió su curso, y  Miley pronto se vio separada de él. Una mujer hermosa tras otra reclamaba su atención.
Desplegando mentalmente la bandera blanca de rendición, Miley se bebió otra cerveza y deam­buló por el salón sin saber muy bien qué hacer. Finalmente, optó por sentarse en una butaca que estaba en la habitación adyacente. Al menos, allí estaría a salvo de todas las miradas.
-Al fin te encuentro -dijo la voz de Nicholas a su espalda al cabo de bastante rato-. No estoy acostumbrado a tener que perseguir a mis acom­pañantes.
-Bueno, yo no soy realmente una acompañante —aseguró ella—. Más bien soy la niñera de tu hija ejerciendo de ello y a la que no tienes que atender en un acto al que no tenías ganas de acudir.
Nicholas guardó silencio mientras la guiaba fuera de la fiesta tras despedirse de los anfitrio­nes y los invitados.

 Aquella sensación de no ser lo suficiente­mente adecuada persiguió a Miley durante los siguientes dos días. Cuando llegó el jueves por la noche, el día de partido, estaba ya preparada para liberar toda su tensión en la cancha de voleibol. Jugó con fuerza, con demasiada fuerza, y se le montó un músculo del hombro cuando fal­taban tres minutos para terminar el partido.
Su equipo había ganado, y sus compañeros es­taban encantados con la actuación de Miley. Que­rían llevarla a su bar favorito para celebrarlo, pero a ella le dolía demasiado el hombro como para andar por ahí. Condujo hasta casa, abrió la puerta principal con su llave y avanzó por el pasillo tra­tando de no hacer ruido. Lo único que quería era disfrutar del silencio y de la paz de su habitación.
-¿Qué tal el partido? -preguntó a su espalda una conocida voz masculina en un tono que le provocó un vuelco al corazón.
Miley se puso tensa, pero no se dio la vuelta. No quería mirarlo. Últimamente, aquel hombre ocupaba demasiado sus pensamientos.
-Estupendamente. Los machacamos. El único problema es que yo también me he machacado el hombro en el intento.
-¿Es grave? —se interesó Nicholas acercándose más.
-No creo que me muera de esto.
-Pero tiene que dolerte muchísimo -aseguró él con una sonrisa de conmiseración-. ¿Por qué no te metes en el jacuzzi que hay en el gimnasio del piso de abajo? Te vendrá muy bien.
Miley no podía negar que la idea de sumergirse durante unos minutos dentro de una bañera ca­liente de burbujas era de lo más tentadora.
-Eso haré, y luego me meteré directamente en la cama -dijo finalmente mirándolo-. Gracias.
Miley subió a toda prisa las escaleras, se quitó la ropa y se puso un bañador. Al darse cuenta de que tal vez se encontraría con Nicholas, decidió ponerse además un chándal. Bajó las escaleras que llevaban hacia el mini gimnasio y se encon­tró con que la luz ya estaba encendida y la ba­ñera burbujeando con aspecto incitador.
Exhalando un suspiro de alivio al comprobar que Nicholas no estaba a la vista, Miley se quitó el chándal y se metió en la bañera de hidromasaje. Se hundió en el agua caliente y gimió de placer mientras sus músculos comenzaban inmediata­mente a destensarse. Cerró los ojos y se relajó.
-Es el hombro derecho, ¿verdad? -preguntó Nicholas a su espalda.
Le dio tal susto que Miley se incorporó como movida por un resorte.
-Tienes que relajarte -aseguró él colocándole la mano sobre la piel desnuda.
-Sería de gran ayuda que no aparecieras de­trás de mí como una serpiente.
-No ha sido así. Estabas casi dormida -dijo Ni­cholas mientras le masajeaba suavemente el hombro-. Relájate.
¿Cómo iba a hacerlo con él tocándola? Miley ce­rró los ojos y suspiró. Mientras Nicholas se mantu­viera fuera de la bañera, no habría problemas. Se permitió a sí misma relajarse mientras los dedos de Nicholas le trabajaban el músculo agarrotado.
-Es muy difícil hacerlo desde esta posición -lo escuchó decir entre dientes-. Voy a entrar.



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MUAAAJAAJAAAAAAAAAAAA SE LA DEJO HASTA AHI JAJAJ, MAÑANA SI PUEDO LES SUBO OTRO, ESTOY ESTUDIANDO INGLES Y NO TENGO MUCHO TIEMPO, PERO NO LAS PODIA DEJAR SI UN CAP DIARIO :) BESITOS AHORA LES SUBO UNO DE OLA DE CALOR ;) GRACIAS POR SUS COMENTARIOS :) Y MAYII, YA VOY A SEGUIR LA DE NO HAY MARCHA ATRAS, NO SEAS ANSIOSA JAAJ BYEEEE ♥

lunes, 26 de marzo de 2012

EL PLAYBOY ENAMORADO: Capitulo 7


Lo que de verdad le apetecía era una mujer desnuda y un c*** ardiente seguido de un poco de paz y un vaso de vino. Nicholas exhaló un pro­fundo suspiro al alcanzar la puerta de entrada de su casa. Estaba muy cansado tras su jornada de trabajo y todavía tenía que asistir a una fiesta en casa del alcalde.
-Bienvenido a casa -lo saludó Miley con una amplia sonrisa, con Molly en brazos-. Tenemos dos sorpresas para ti.
Nicholas se pasó la mano por la mandíbula. Algo le decía que ninguna de las dos incluiría una mujer desnuda ni un c*** apasionado. Exhaló un suspiro y trató de apartar de sí sus ins­tintos más bajos para prestarle a su hija toda su atención.
-Hola, señorita Molly. ¿Cómo está usted?
La niña torció suavemente la cabeza con timi­dez. Aquello era un adelanto. Al menos no se ha­bía echado a llorar.
-Hoy hemos ido por primera vez a clase de na­tación para bebés en el club -dijo Miley-. Los pri­meros quince minutos se los ha pasado llorando, pero luego se lo ha pasado fenomenal. Creo que es medio pez. Y luego ha estado mirando tu fotografía y apretando el botón del mensaje todo el tiempo. Mira lo que ha aprendido a decir...
-Pá-pá-pá -dijo la niña tras escuchar algo que Miley le dijo al oído.
-Qué niña tan lista -comentó Nicholas acari­ciándole la cabecita, absolutamente encantado-. Al parecer, lo han pasado muy bien hoy. Mal­dita sea, ojalá no tuviera que ir esta noche a esa fiesta -aseguró con una pizca de envidia.
-No te preocupes por nosotras -respondió Miley sintiendo una punzada de desilusión-. Esta­remos bien.
-Ya, el que no estará bien seré yo -dijo con amargura-. Por cierto, puedes tomarte la noche libre. Mi padre está fuera de la ciudad y mi madre dice que tiene síndrome de abstinencia de la niña, así que esta noche se va a encargar de Molly. 
-Muy bien. Así le enseñará la nueva palabra que ha aprendido. 
-¿Y tú qué harás?
-No lo sé -aseguró Miley encogiéndose de hombros-. Tal vez llame a Liam.
Aquella idea no le sentó nada bien a Nicholas.
 -O tal vez podrías convertir esa fiesta en algo más soportable acompañándome -sugirió sin pa­rarse a pensar.
-¿Yo? -preguntó ella abriendo mucho los ojos.
-La chica con la que iba a ir tiene la gripe -dijo Nicholas encogiéndose de hombros-. Para serte sincero, se me había olvidado que me había comprometido a ir hasta que ella llamó para can­celar la cita.
-Ya veo -murmuró Miley parpadeando mientras registraba sus palabras-. ¿Y por qué no bus­cas en tu agenda, o debería decir en tu gran agenda, y...?
-Porque esta noche no tengo ganas de diver­tirme. Estoy cansado -aseguró mientras se aflo­jaba la corbata-. Pero tengo que ir porque se trata del alcalde, y tiene que haber allí un Barone.
-Pero hay muchos Barone, ¿no?
-Sí, pero... -comenzó a decir Nicholas antes de interrumpirse y encogerse de hombros.
-Ya, pero tu eres el mayor y es lo que se espera de ti... ¿es una fiesta formal?
-Yo iré vestido con lo que llevo puesto, y tú pue­des ponerte lo que quieras -aseguró él sacudiendo la cabeza-. Las zapatillas de conejitos podrían ser un buen motivo para iniciar una conversación.
-Estoy segura de ello -respondió Miley mirán­dolo de reojo-. De acuerdo, iré -añadió tras una pausa.
La sensación de alivio que Nicholas sintió en aquel momento lo pilló completamente por sor­presa. Ya tendría tiempo de analizarla más ade­lante.
-Estupendo. ¿Podrías estar lista en treinta mi­nutos? -preguntó, conociendo de antemano la respuesta.
Aquella era una de las cosas buenas que tenía Miley. Estaba seguro de que se arreglaría en un periquete.


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BUENO CHICAS ME VOY A DORMIR, SON RECIEN LAS 11 Y YA TENGO SUEÑO U.U BESITOS CUIDENSE MUCHO, BYEEEEE ♥

Ola de Calor: Capitulo 8


—Así que quiere usted una repisa. ¿Pero de qué estilo la quiere, barroca, gótica...? —sosteniendo el teléfono entre la oreja y el hombro, Miley escribía el pedido. Cuando se abrió la puerta de su minúscula oficina, todavía estaba hablando.
Selena, vestida al estilo siglo diecinueve modernizado igual que su jefa, sólo balbuceó una palabra:
—Auxilio.
Miley sonrió, terminó de hablar por teléfono lo antes que pudo y luego fue a la tienda. El local estaba atestado de clientes. La ayudante de Miley, Selena, tenía treinta y nueve años y el pelo rizado color castaño. Le encantaban las galletas de mermelada.
Dos de los clientes eran coleccionistas de muñecas de porcelana. Miley los atendió primero, luego fue hacia las tres señoras de pelo cano que estaban delante del mostrador de joyas.
—¡Señorita Finley! —exclamó una de las damas—. La semana pasada tenía usted una sortija de granate en este escaparate, una piedra rodeada por perlas pequeñas. Tenía una inscripción.
—Lo recuerdo. ¿Quiere verla otra vez?                                       
La señora de mejillas sonrosadas quería verla, pero no comprarla, y Miley no puso ninguna objeción. Mientras hablaba con ella sobre joyas antiguas, Miley recorrió la tienda con mirada posesiva.
Todo el lugar estaba lleno de aromas y preciosos objetos cuyo objetivo era cautivar a los amantes de las antigüedades. Miley era inteligente y sabía disponerlo todo de manera estratégica: a los clientes les gustaba explorar, sentir que descubrían "un hallazgo". Las repisas, los cajones abiertos e incluso el suelo estaban astutamente sembrados de "hallazgos": un arpa del siglo diecinueve, un caballo mecedora, lámparas de cristal, botas altas estilo fin de siglo para dama, mantillas de encaje, cucharas de plata estilo "art nouveau" y muñecas victorianas.
Para los clientes que no sucumbían al ver esos objetos, Miley procuraba atraerlos por el olfato. Vendía sacos perfumados y jabón. Los aromas de naranja y canela, rosas y limón habían invadido desde hacía mucho tiempo la tienda. Si al oler esas delicias los clientes no compraban, Miley apelaba a un tercer sentido: el gusto.
Algunas tiendas servían café para los clientes. Miley ofrecía ponche o té. Cuando algún comprador se acomodaba en los sillones mullidos para descansar un poco mientras buscaba preciosos objetos, se le ofrecía un merengue, galletas de mermelada o, cuando Selena tenía tiempo, un trozo de alguna deliciosa tarta. Por supuesto, al lado de la caja registradora había a la venta galletas y pastelillos estilo siglo diecinueve.
Las tres señoras de pelo cano recorrían la tienda. Entraron otras dos clientas. Miley supo con sólo mirarlas que ninguna de las dos era una derrochadora. Miley adoraba su tienda, pero antes de llevar ni un mes en el negocio fue consciente de que las ganancias que tendría no le permitirían nadar en la abundancia.
Selena le ofreció una taza de té y un panecillo. Miley se los tomó y habría vuelto a trabajar si la campanilla no hubiera sonado de nuevo.
Nick entró en la tienda con toda rapidez, pero en seguida se detuvo con una cómica expresión de susto en la cara. Todas las mujeres que había allí se volvieron para mirarlo. Miley supuso que se sentía abochornado. Pocos hombres entraban en la tienda con pantalones vaqueros viejos, botas de trabajo llenas de polvo y un casco en la cabeza. La camiseta blanca que llevaba estaba impecable, pero sus hombros eran demasiado anchos para la mayor parte de los pasillos y, a menos que respirara con mucho cuidado, en ese momento estaba a punto de tirar al suelo un montón de mantillas. Selena, experta en evitar desastres, dejó la caja registradora y corrió hacia él. Se detuvo, pensativa, cuando se dio cuenta de que el desconocido había visto y reconocido a Miley.     
Los ojos de Nick se posaron en ella con avidez. Era la misma mirada que le había dirigido tres noches antes, poco antes que ella recobrara la cordura y se apartara de él después de que la besara.
Había algo peligroso en Nick y no era que estuviera a punto de tirar los estantes de las mantillas. Su peligro residía en su sonrisa tierna, en su forma de ladear los hombros para no causar destrozos, en sus ojos azules como el mar que no se despegaban de Miley mientras iba hacia él.
—No respires, no parpadees, no te muevas —ordenó Miley.
—No lo haré, créeme.
Miley llegó a tiempo de evitar que se cayeran las mantillas y le sonrió abiertamente.
—Si te reduces unos treinta centímetros y aprietas los codos contra el cuerpo, podríamos lograr que atravesaras la tienda. Mi oficina está en la parte de atrás —su sonrisa se desvaneció al ver la expresión del recién llegado—. Debe ser muy serio lo que vienes a decirme para haber dejado tu trabajo. ¿Qué pasa?
—¿Cómo?
—¿Vienes a contarme algún problema de Angie y Noel?
Nick titubeó.
—Pues... sí.
Así que no iba a verla para hablar de las chicas, pensó Miley. Nick podía construir grandes barcos, pero le costaba mucho trabajo idear pequeñas mentiras. Era sincero y honrado, algo que Miley había descubierto tres noches antes. Quizás esas cualidades explicaban que ella hubiera perdido la cabeza por un momento.
La mirada de Nick se posó en el pelo de la joven. Se lo había rizado a la antigua; llevaba una blusa de cuello alto con un broche y tenía la nariz empolvada. En los labios de él se dibujó una sonrisa.
—Siempre me ha intimidado —murmuró.
—¿El qué?
—Tu expresión de doncella inaccesible, virginal. Y sospecho que no te vistes así por tus clientes, sino porque te encanta hacerlo.
En ese momento Selena se acercó a Nick con una bandeja llena de galletas. Selena veía un hombre y le daba de comer, era algo instintivo y automático en ella, como un reflejo. Nick, totalmente fascinado en esa tienda, se detenía a cada dos pasos para examinar algo en los estantes o el suelo. Cuando por fin dejó de husmear, Ed, un ayudante de Miley de pelo ensortijado, apareció por la puerta de atrás con una caja que la dueña debía revisar.
—No tardaré ni un minuto, Nick.
—Aquí te espero. Me entretendré mirando; no te preocupes por mí.
Pero ella se preocupaba. Quería saber por qué estaba él allí, qué era lo que quería decirle. Por desgracia no había tiempo. En cuanto Miley revisó la entrega de Ed, el teléfono sonó y llegó un camión lleno de mercancías. 
Miley vio a Nick deambular por la tienda. Cada vez que volvía la cabeza veía los ojos de Nick fijos en ella como los de un hombre que trataba de encajar las piezas de un rompecabezas con formas de mujer. Miley se mostró algo impaciente con una clienta, algo que nunca hacía, y luego perdió de vista a Nick.                                                                 

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espero que les guste :) 

CAPITULO 25: La historia


Ya no podía seguir guardando esta espina en mi corazón, debía contarle a alguien lo que había pasado hace cinco años atrás.

-       te acordas del baile de fin de curso? Al que me habías llevado con tu nuevo auto? – le pregunte
-       como no acordarme, fui yo quien te Eligio el vestido color crudo, te quedaba hermoso – me sonrió. Cuando le cuente lo que me había pasado no se si seguiría sonriendo.
-       Si, lamento decirte esto, pero después de esa noche tire ese vestido – me lamente, de verdad me gustaba ese vestido y deseaba guardarlo como recuerdo de esa noche.
-       QUE!? – me miro sorprendida – porque?
-       No quería tener ningún recuerdo de esa noche. Nunca pensaste porque me fui dos días después de esa fiesta? – le pregunte.
-       La verdad es que me pareció extraño. Además después de esa noche parecías un zombie – me dijo moviendo la cabeza.

Hubo un incomodo silencio y después agregue.
-       Esa noche le dije a Nick que me gustaba – le dije de repente.
No la deje hablar ni comentar nada, quería sacarme de una vez por todas este pinchazo que sentía mi corazón.
-       Llevaba como hace dos meses planeando en que momento decirle que lo quería, era una niña, me daba vergüenza decírselo en publico, y mas sabiendo mi “popularidad” en la escuela. En un momento de la noche le dije a Nick sino me acompañaba a tomar un poco de aire y el acepto. Estaba tan lindo con ese traje gris y esa corbata a rayas. Todavía recuerdo que tenía esos rulos perfectamente despeinados. Estaba decidida a decírselo. Y se lo dije. Le dije que lo quería más que como un amigo, tal vez era un amor de niños pero para mi era más que eso, era más real que cualquier cosa que me rodeara. Nunca pensé ver la reacción de el cuando se lo dije, tenia una mezcla de nerviosismo, miedo y emoción. Por un momento pensé que el sentía lo mismo, aunque si hubiese sido eso no hubiese dejado que me Delta me grabara diciéndoselo.

La cara de Brandi se transformo.
-       Delta había presenciado todo, desde el principio hasta el fin, ella sabia lo que yo sentía por el, y por lo visto el también, lo planearon todo, absolutamente todo. Se burlaron de mí, y de mis sentimientos. Lo que nunca pensé que iba a pasar es que todo el maldito colegio iba a enterarse. Ella lo grabo y después hizo que lo pasaran en la pantalla. Eso no fue todo… lo que me termino de destruir fue el beso que se dieron. No lo soporte. Yo lo quería Brandi, yo… lo quería – volví a llorar. Fui una entupida al pensar que contárselo a Brandi calmaría el dolor de mi corazón, pero no fue así, lo aumento.
-       Yo… no se que decir. Y Demi? Y Joe? Nick? Que hizo el cuando paso el video? Por que dejo que lo pasaran? Miley el no es así, debe haber un error – dijo negando con la cabeza.
-       No hay error, todos se burlaron de mí. Demi no había ido a la fiesta, sino también la hubieses llevado esa noche. Tenía faringitis. Y Joe, el me trajo a casa. Pero no dijo nada. No dijo nada – agache la cabeza, todavía las lagrimas corrían por mis mejillas.
-       Lo siento Miley… lo siento mucho – me abrazo, sentí sus palabras, pero nada podía calmar lo que sentía. El ser burlada, acorralada, humillada. Nada me haría olvidar eso.
Después de un silencio dije.
-       mejor vuelvo a mi habitación – Brandi no me detuvo, sabia que quería estar sola y pensar.
-       Miley… no hagas algo de lo que puedas arrepentirte – apretó mi hombro.
-       Lo siento pero… ya lo hice. – me fui. Sin más que decir. Sin más que contar.


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hola chicas, bueno les dejo un cap corto, no tengo mucho tiempo, pero lo escribi recien por eso esta medio feo jaja, bueno en fin, ahora les subo un cap de las otras noves, byeeee  

sábado, 24 de marzo de 2012

CAPITULO 24: necesito contarte algo…


Subí las escaleras y me pare delante de mi habitación. Mire por encima de mi hombro la puerta de Brandi. Necesitaba contarle a alguien lo que sentía en este momento. Por un lado me sentía feliz pero por otro me sentía la peor farsante del mundo. Le había mentido a Nick, y a mi familia. Necesitaba desahogarme.
Tome con una mano temblorosa la perilla de la puerta de Brandi y la gire. Entre.
Vi como Brandi dormía. Me acerque y me senté en su cama de Doz plazas mirándola.
Ella se movió un poco y abrió los ojos. Me vio, sentada ahí, a punto de largarme a llorar.
Me miro algo asustada, porque desde hace mucho tiempo que no me veía así.
Cuando era solo una niña iba a su habitación cuando tenía miedo a las tormentas, y cuando fui creciendo iba cuando ya no soportaba que los chicos se burlaran de mí en el colegio.
Ella siempre me miraba triste sabiendo lo que pasaba y abría las sabanas para que me acostara a su lado y me abrazaba y consolaba hasta que me dormía.
Al recordar eso rompí en llanto ella se levanto rápido y me abrazo. Luego hizo lo mismo que había hecho años antes, abrir las sabanas y taparme mientras acariciaba mi cabello para tranquilizarme.
-       ya…tranquila Miley yo estoy aquí – me decía Brandi una y otra vez para calmar mi llanto – yo siempre voy a estar aquí.
Entre sollozos pude articular unas pocas palabras
-       necesito contarte algo – dijo mientras me secaba las lagrimas.
-       Siempre voy a escucharte Miley, nunca voy a juzgarte, confía en mi, soy tu hermana, la misma de siempre – me dijo regalándome una media sonrisa.
-       Ya lo sé, por eso no quiero mentirte – le dije mirándola a los ojos
-       Desahogare Miley, saca todo lo que tengas que sacar conmigo – me dijo mientras me daba unos pañuelos descartadles.
Si buscaba maneras de decirle a Brandi lo que había hecho, no iba a decírselo así que lo dije sin preámbulos.
- hice el amor con Nick… Hoy – solté la noticia de sopetón, sin tacto, solo la largue.
Brandi se me quedo mirándome extrañada. Sin decir nada.
-       por favor dime algo yo… - volví a romper en llanto
Brandi volvió a abrazarme y me dijo.
-       no entiendo porque lloras, porque tu lo amas Miley, lo amas desde antes de irte a Londres, cuando todavía eras una niña ya lo amabas, por eso no te entiendo, estas arrepentida? – me separo de su hombro y me miro.
-       No… claro que no – negué con la cabeza – yo le mentí Brandi – le dije, sacándome ese peso de encima.
-       En que le mentiste Miley? – me miro aun sin entender muy bien.
-       El no sabe que soy Destiny, su amiga fea de la infancia con la que jugaba todos los días – solté la verdad.
-       QUE!? – me miro con los ojos abiertos como platos.
-       SHHHH! Nadie lo sabe, solo Demi y Joe – le dije bajando la mirada.
-       Porque no se lo dijiste? Miley el es tu novio – me dijo
-       El no es mi novio, nunca me lo propuso y cuando haga lo que tengo pensado hacer no creo que lo sea nunca – volví a bajar mi mirada.
-       Lo que tienes pensado hacer? Que vas a hacer Miley? – ahora Brandi pensaría que estaba loca.
-       Voy a dejar a Nick, voy a hacerlo sufrir todo lo que sufrí yo todos estos años Brandi – se lo dije.
-       Por que? Miley estas equivocada el nunca te hizo sufrir, al contrario el fue tu mejor amigo y tu ahora le estas mintiendo – me dijo extrañada, con una mirada insólita.
-       Que no me hizo sufrir? Brandi, tu no sabes nada de mi historia con Nicholas, el me hizo lo peor que se le puede hacer a una niña con sueños de amor – una lagrima rodó por mi mejilla y la seque rápidamente.
Ahora que había empezado con la historia debía contarle porque quería vengarme de Nicholas.



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HOLA CHICAS BUENO ACA LES DEJE DOS CAPS DE ESTA NOVE, SI QUIEREN QUE LA SIGA COMENTEN Y DIGANME, XQ NO SE SI ALGUIEN SIGUE LEYENDO ESTA NOVE... EN FIN, AVISENME, BESITOSS LAS QUIERO ♥