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miércoles, 28 de marzo de 2012

Ola de Calor: Capitulo 10


Se abrió la puerta de la oficina. Miley levantó la cabeza. Era Selena, que iba a recoger la bandeja con la limonada y los vasos.
—Hay ciento setenta y cinco dólares en la caja; he vendido la lámpara de cristal. ¿Qué te parece?
—Magnífico.
—Ya no hay ningún cliente. Mandaré a Marie temprano a casa.
—Bien —Miley esperó, segura de que Selena comentaría algo sobre Nick.
Pero su ayudante y amiga no comentó nada sobre el milagro de que Miley recibiera la visita de un hombre. Sólo sonrió y levantó la bandeja.
—Ahora puedes estar segura de que puedo atender la tienda muy bien si algún día quieres irte más temprano.
—No quiero irme temprano.
—Vaya. Pareces irritable. Por lo visto el calor nos está afectando a todos —observó su ayudante con voz apacible, y se fue.
Miley volvió a conectar el teléfono y se pasó la siguiente hora revisando el montón de recibos y pedidos. Se dijo que Selena tenía razón. La ola de calor era el problema. No había llovido en varias semanas. Una persona no podía pensar con claridad con ese calor. No podía uno evadirlo, ignorarlo, apartarlo de su mente.
"Es un buen hombre, Miley. Un hombre especial. Y te gusta", se dijo.
Cuando el lápiz se rompió entre sus dedos, tomo otro. Sí, le gustaba. Era muy amable. Tenía sentido del humor, era natural y espontáneo y además un buen padre. Exudaba cariño cada vez que hablaba de sus hijas. Trataba con mucho afán de ser un buen padre. Era lo bastante humano para reconocer sus errores.
Y hacía palpitar el corazón de Miley como ningún otro hombre lo había conseguido antes.
El papel que tenía delante de los ojos le pareció borroso. Renunció a tratar de concentrarse y se apretó con fuerza las sienes. La palabra frígida acudió a su mente. Una mujer podía ser frígida de diversas maneras. Podía no sentir deseo. Podía estar tan llena de inhibiciones que no alcanzara el clímax. O, por cualquier otra razón, podía tener miedo de entregarse al placer.
Aunque la etiqueta de frígida no se aplicaba con exactitud a Miley. Nunca había temido a los hombres, ni al sexo. Cuando estaba con el hombre adecuado se excitaba con facilidad. Deseaba y necesitaba ser querida, no sólo físicamente, y sabía que su cuerpo era capaz de llegar al orgasmo.
Pero el caso era que esa experiencia con un hombre le causaba dolor. Dolor físico. Y no quería someter nunca más a un hombre al engorro de romper el encanto de su relación con sus gemidos de dolor.
El teléfono sonó. Lo dejó sonar.
Miley no era ninguna ingenua. Mick no habría ido allí si no estuviera interesado... y ella también lo estaba. Nick se había volcado demasiado tiempo en su trabajo. Por más que hubiera querido a Nicole, debía comprender que todavía estaba vivo, que tenía sentimientos y necesidades que debía satisfacer.
Pero no era ella la mujer que lo haría feliz, se dijo Miley con resignación. No tenía más alternativa que evitar enamorarse de él.               

El sábado a las dos. Miley cerró la puerta y bajó los escalones con su enorme bolso en una mano y una lista en la otra. Se dirigió a la casa de Nick en el momento en el que Angie cerraba la puerta de atrás.
—¿Has traído las llaves del coche de tu padre, querida? —preguntó Miley con alegría.
—Las tiene Noel.
Miley levantó la vista de la lista que llevaba en la mano, un poco desconcertada por el tono abatido de la chica al principio, y después por la expresión desolada que vio en sus ojos.
—¿Qué pasa? ¿Pasa algo malo?
—Todo. Este será sin duda el peor día de mi vida.
—Creí que tenías muchas ganas de ir de compras conmigo. No tenemos que hacerlo si no quieres.
—Sí, sí quiero. Pero yo deseaba ir sólo contigo. Ahora no podremos ir a comprar lo—que—tú—ya—sabes. Por favor, ni lo vayas a mencionar.
—Angie...
Noel las interrumpió cuando bajaba los escalones del porche. Estaba vestida como siempre, de forma estrafalaria y llamativa y llevaba toneladas de rimel. Tenía las llaves del coche de Nick en la mano. Le bastó con mirarla a la cara para ver que estaba tan irritada como su hermana.
—El va a venir. Tenemos que esperarlo —dijo Noel con resignación.
—¿Quién? —Miley estaba desconcertada.
—Papá.
—¿Pero, por qué va a venir con nosotros tu padre?
—Porque dice que se siente culpable si no nos acompaña —Noel hizo una mueca graciosa, luego suspiró—. Eso es lo que piensa. Cree que tiene que ir con nosotras. Dice que ya es hora de que aprenda algo sobre ropa y cosas de chicas. Dice que no nos preocupemos porque no dirá una palabra. Sólo nos seguirá en silencio.
Angie lanzó un bufido.
Miley, ¿no puedes hablar con él? No queremos herir sus sentimientos, pero... ¿no podrías convencerlo de que no venga?
Miley quiso que se la tragara la tierra. Se habría vestido y peinado de otra forma de haber sabido que Nick iría con ellas. Sólo llevaba puestos unos pantalones cortos y una blusa muy ligera; llevaba una coleta y no se había pintado casi. O más bien, si hubiera sabido que Nick iría, ella se habría quedado en casa.
Nick la había estado llamando cada noche, sólo para pedirle consejo sobre sus hijas. Esas llamadas nocturnas y su voz baja, gutural y aterciopelada hacían que se le acelerara el pulso. No había logrado poner fin a esas llamadas, pero eso no significaba que quisiera verlo.
—Creo que soy la menos indicada para decirle a su padre lo que debe hacer —murmuró—. De cualquier manera, creo que estamos exagerando. No será tan terrible.
—Oh, claro que lo será —aseguró Noel—. No has visto a papá en una tienda. No compra nada. Odia ir de compras. Y lo peor de todo es que cree que hace esto para ayudarnos.
—¿Sabes lo que dijo? —gimió Angie—. Todo el mundo usa ropa interior. Chicos y chicas. Todo el mundo. No hay por qué sentirse avergonzado por ello. ¡Oh, voy a morirme!
La puerta se oyó una tercera vez. Por un momento Nick no pareció ver a sus hijas. Sólo tenía ojos para  Miley. Sus ojos marrones lo miraron todo: su cola de caballo, el sol que quemaba las piernas desnudas de  Miley, su falta de maquillaje, sus pantalones cortos y blancos como la inocencia. La miró de tal forma que ella se sintió muy deseable. Y su sonrisa empeoró las cosas.
Por fin él se puso unas gafas de sol y miró a sus hijas. Con lentitud fue hacia el coche. Llevaba puestos unos pantalones de algodón, y una camisa recién lavada y planchada. Y Miley estaba segura de que hacía un sacrificio al ir con ellas. Sin embargo, exclamó:
—¡Caramba, toda una tarde de compras! ¡Cómo vamos a divertirnos!


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HASTA ACA CHICAS, ME VOY A DORMIR, NO DOY MAS DEL DOLOR U.U BESITOS ESPERO QUE ESTEN BIEN :) BYEEEE ♥

3 comentarios:

  1. aaawww me encantoo♥
    estuvo divertidisimo jajajaja
    siguela prontitos besitos..
    ya ya te dije espero te recuperes pronto!!

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  2. ME ENCANTARON LOS CAPIS!!!! ESTUVIERON GENIALES!!!!!! SEGUILA PORFA!!!!!!!!
    POR CIERTO: ESPERO QUE TE RECUPEREEEEEEESSS!!! , BESOTESSSS Y CUIDATE!!

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Gracias por tu comentario :) ♥