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sábado, 28 de abril de 2012

El Playboy Enamorado: Capitulo 28


-Manténgase echada, señorita Fenton -or­denó el médico-. Quiero que esté lo más quieta posible durante las dos próximas horas.
El corazón de Miley dio un vuelco. Seguía ma­reada por el golpe y sentía un tremendo dolor de cabeza. Se preguntó si no estaría viendo visiones. ¿Se trataba realmente de Nicholas?
-La señorita Fenton se está recuperando de una conmoción, y tenemos que asegurarnos de que el accidente no ha provocado ningún daño interno -dijo el médico-. Es importante que no se mueva. Tal vez la ingresemos por esta no­che.
Miley cerró los ojos. No podía pensar en Nicho­las en aquellos momentos. Le dolía demasiado la cabeza. Le dolía demasiado el corazón. Aunque se hubiera golpeado el cráneo, conservaba la me­moria intacta. Recordaba todas y cada una de las palabras hirientes que él le había espetado la no­che anterior.
-Así está bien. Cierre los ojos y descanse -dijo la enfermera apretándole suavemente el brazo-. Cuando tengamos los resultados de las radiogra­fías se lo haremos saber.
Miley escuchó el sonido de una puerta al abrirse, y luego cerrándose. Pasó un instante an­tes de que volviera a sentir otro contacto en el brazo, pero esta vez supo que no se trataba de la enfermera.
-¿Qué ha ocurrido? -preguntó Nicholas con la voz más dulce que Miley le hubiera escuchado nunca.
-El conductor de un Jeep se saltó el semáforo en rojo -respondió ella tras exhalar un suspiro-. Él no se ha hecho nada. Yo he tenido suerte, pero mi coche está destrozado.
-Estaba preocupado por ti -susurró él en voz baja.
-Me pondré bien -respondió Miley, negándose a leer ninguna segunda intención en sus pala­bras.
-Las cosas van a ser diferentes a partir de ahora entre nosotros -aseguró Nicholas tras una breve pausa.
-Sí, ya me lo has dejado lo suficientemente claro -respondió ella con el estómago encogido.
-No, me temo que no.
-Oh, yo diría que sí -insistió Miley, incapaz se seguir manteniendo los ojos cerrados-. Me di­jiste que me había tomado nuestra relación mu­cho más en serio de lo que debiera. Me dijiste que podía acostarme con Liam, porque a ti no te importaba. Me dijiste...
-He sido un idiota -la interrumpió él lleno de remordimiento-. Lo siento.
-No, tenías razón -aseguró Miley mirándolo un instante antes de apartar la vista-. Me tomé las cosas demasiado en serio. Voy a tratar de dejar atrás lo que pasó entre nosotros. No tengo mu­cha experiencia en hacerme la dura, pero...
-No -la atajó Nicholas rozándole la mejilla con un dedo-. No quiero que cambies. Soy yo el que he mostrado la actitud equivocada. Mírame.
-No puedo -respondió ella cerrando los ojos-. Me duele muchísimo la cabeza.
-Bueno, pues entonces escúchame. Estaba equivocado. No entendía qué me estaba ocu­rriendo. No esperaba que te convirtieras en al­guien tan importante para mí. No esperaba que nadie fuera tan importante para mí. Nunca me había sentido tan a salvo y a la vez tan excitado por una mujer.
Miley sintió que se le formaba en el pecho una burbuja de esperanza, pero seguía sin atreverse a abrir los ojos. ¿Y si estuviera sufriendo una aluci­nación?
-Te amo -dijo Nicholas besándole dulce­mente el dorso de la mano-. Te necesito.
Miley trago saliva para pasar el nudo que se le había formado en la garganta. Aquello no podía ser verdad. No podía estar ocurriendo. Había so­ñado con ello, pero no podía sucederle.
-Creo que será mejor que avises al médico -aseguró ella abriendo los ojos y observando el amor en la mirada de Nicholas-. Me temo que estoy teniendo una alucinación. Acabo de oírte decir que me amas y que me necesitas.
-Y así es -respondió él con emoción-. Y te lo repetiré mañana, pasado y todos los días de tu vida si me dejas.
Tenía que estar soñando.

El médico y la enfermera la tuvieron en obser­vación durante un par de horas más, y luego le dieron el alta tras darle a Nicholas unas cuantas instrucciones. Cuando regresaron a casa, él insis­tió en que se quedara en su cama, pero no le hizo el amor. A la mañana siguiente, cuando Miley se despertó, se sentía cansada pero un poco me­jor. Se incorporó lentamente justo en el mo­mento en que Nicholas entraba en el dormitorio con la bandeja del desayuno.
-Me alegro de que te hayas despertado -dijo besándola en la frente-. ¿Tienes hambre?
-No lo sé todavía -respondió Miley moviéndose con dificultad-. Primero tengo que comprobar que mi cuerpo y mi cerebro funcionan correcta­mente.
-¿Te sigue doliendo la cabeza, o estás marea­da? -se interesó él.
-No -respondió Miley llevándose la mano a la frente.
-Te amo, Miley -dijo Nicholas acariciándole la mejilla.
-¿Estás seguro? -preguntó ella con el corazón encogido.
-Nunca he estado más seguro de nada.
-Pero, ¿por qué? No soy ni modelo ni una mu­jer impresionante. Solo soy yo.
-Ay, Miley -susurró Nicholas sacudiendo la ca­beza y atrayéndola hacia sí-. Ya veo que voy a te­ner que demostrarte que eres la mujer más impre­sionante del mundo. No sé cómo lo consigues, pero haces que me sienta bien siendo sencilla­mente un ser humano que no tiene que ser per­fecto a todas horas. Y al mismo tiempo, cuando es­toy contigo, tengo ganas de ser mejor. Puedo confiar en ti -aseguró inclinándose ligeramente hacia atrás para mirarla-. Nunca pensé que sería capaz de confiar en una mujer como confío en ti. Dejé de sentirme solo en cuanto tú entraste en mi vida.
Las palabras de Nicholas la atravesaron, deján­dola momentáneamente sin habla.
-Creo que no lo estoy haciendo muy bien -dijo él exhalando un suspiro.
-Oh, no, lo estás haciendo estupendamente -le aseguró Miley con los ojos inundados en lágri­mas-. Pero es que me cuesta mucho trabajo creerlo. Quiero hacerlo, pero tengo la impresión de que necesito que me pellizquen, o que haya algún testigo que me diga que no estoy soñando.
-Muy bien -dijo Nicholas pellizcándola suave­mente-. ¿Esta bien así?
-Más o menos -respondió ella mirándolo a través de las lágrimas.
Miley sabía que tenía los ojos inundados de amor hacia él, un amor que había ido creciendo en su interior a pesar de sus esfuerzos por evi­tarlo.
-Muy bien. Y respecto a los testigos, ¿qué te parece cientos de ellos dentro de una semana?
-¿Cómo dices? -preguntó Miley tragando sa­liva.
-En nuestra boda -respondió Nicholas mirán­dola con seriedad.
-Boda... -repitió ella moviendo la cabeza en círculos, completamente anonadada.
-¿Tú me quieres? -dijo él levantándole la bar­billa para obligarla a mirarlo a los ojos.
-Por supuesto que sí -aseguró Miley mientras notaba cómo le temblaban las rodillas.
-Entonces, hazme el hombre más feliz del mundo y cásate conmigo -dijo Nicholas abrazán­dola con fuerza.
En el corazón de Miley solo tenía cabida una respuesta posible.


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BUENO, ANTE ULTIMO CAPITULO, EL QUE SIGUE, ES EL FINAL :D ESPERO QUE LES GUSTE, DEDICADO A TODAS LAS QUE PIDIERON Y A SARII, QUE FUE QUIEN ME PIDIO QUE SUBA ESTA NOVE :) JAJA LAS QUIEROO ♥

1 comentario:

Gracias por tu comentario :) ♥