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lunes, 21 de mayo de 2012

Entre el deber y el deseo: 2


Nick se mudó a una casita que estaba a quinientos metros de la de Miley. Sentado en el balcón, mientras observaba las olas romper rítmicamente contra la playa, empezó a sentirse en paz. El océano no se parecía nada a la guerra. Cambiaba cada segundo, pero en cierto modo permanecía constante. Mirar las olas era la mejor terapia... mucho mejor que la que recibió en el ejército.
Cuando se metía en la cama, la imagen de Miley Newton apareció en su cabeza. Se preguntó entonces qué estaría haciendo. ¿Enfrentándose con una hoja en blanco? ¿Dibujando una escena gris? ¿O se estaría quedando dormida, como él?
La fotografía de su mujer que Liam le enseñaba a todo el mundo lo había dejado fascinado. En ella, Miley se reía con abandono y era el equivalente femenino a un rayo de sol. Liam, un tipo alegre, había conseguido pasar por el campamento de instrucción sin que nadie pudiera quitarle esa alegría. Era simpático, nada cínico, al contrario que Nick. Él tenía cinismo suficiente para una docena de hombres. Quizá por eso le caían tan bien el sargento Newton y las historias que contaba sobre su mujer. Porque eran frescas e inocentes. Nick no recordaba haber sido fresco e inocente desde que su padre murió, cuando tenía siete años.
Entonces volvió a pensar en Miley. Aunque la tristeza que había visto en sus ojos le encogía el corazón, estar con ella lo animaba. Y era tan guapa...
Su pelo era una cascada de oro y su piel, tan blanca, emanaba feminidad. Sus labios le recordaban a una jugosa ciruela y .aquella maldita camiseta que parecía jugar al escondite con sus curvas...
Esa imagen lo excitó. Pero su atracción por Miley no era nada personal, se dijo. Estaba frustrado, sexual, personal y mentalmente. Apartando las sábanas, Nick saltó de la cama y fue desnudo a la ducha.
«Olvídate del agua fría».
Bajo una ducha caliente, al menos podría librarse de parte de su frustración... imaginando que estaba con la mujer de sus sueños.
Nick se levantó a las seis de la mañana. El entrenamiento con los marines había condicionado su vida y quizá nunca podría volver a levantarse tarde. Pero era mejor así. Después de desayunar café, tostadas y huevos revueltos, se puso unos pantalones cortos y fue corriendo por la playa hasta la casa de Miley.
El primer paso para sentirse normal era dormir de noche y trabajar de día. Miley Newton era como una niña, que tenía mezclados el día y la noche. Y por eso necesitaba un poquito de ayuda.
Nick llamó a la puerta y esperó. Y esperó. Y volvió a llamar.
Oyó un golpe y luego un grito. La puerta se abrió entonces y Miley lo miró, con los ojos guiñados.
—Tengo la impresión de que esto ha pasado antes.
—Lo siento. Pensé que estarías despierta —sonrió Nick—. ¿Te apetece correr un rato por la playa? No tengo la pierna al cien por cien, así que debo ir más despacio de lo que me gustaría...
—¿Correr? —lo interrumpió ella—. ¿Ahora? ¿Qué hora es?
—Las diez.
—Ah —murmuró Miley, apartándose el pelo de la cara—. Es que anoche estuve trabajando en un dibujo que seguramente no podré usar —añadió, suspirando.
—Si no te ves con fuerzas... —se aventuró Nick, intentando retarla.
Ella frunció el ceño.
—Claro que tengo fuerzas. Puede que esté un poco oxidada, pero puedo correr como todo el mundo.
Nick asintió, sonriendo. Buena señal.
—¿Quieres que te espere aquí mientras te cambias?
Miley miró su camiseta arrugada como si acabara de percatarse de que la llevaba puesta. Y se puso como un tomate.
—Sí, debería... bueno, entra. No tardaré mucho.
—Gracias.
Al acercarse, respiró su aroma. Era un olor fresco, sexy, a mujer dormida, que lo hizo desear enterrar la cara en su pelo... Ese pensamiento lo pilló por sorpresa. Y no le hizo ninguna gracia.
Cuando Miley desapareció por el pasillo, el gato se acercó para olerlo y luego se apartó con gesto desdeñoso. Él nunca había entendido a los gatos ni a los amantes de los gatos. Los felinos nunca se acercaban cuando uno los llamaba, todo lo contrario. Además, esperaban recibir comida y alojamiento desdeñando a sus dueños. A él le gustaban más los perros.
Miley volvió poco después con el pelo sujeto en una coleta. Llevaba una camiseta ajustada y unos pantalones cortos que dejaban al descubierto su ombligo. Algunas enfermeras del centro de rehabilitación habían coqueteado con él, pero ninguna de ellas iba vestida así.
Llevaba demasiado tiempo encerrado, pensó, y sus hormonas estaban enloquecidas. Antes del accidente salía con muchas chicas, nunca tuvo problemas para encontrar una mujer. Liam decía que no le duraban más que una caja de cervezas y no iba muy descaminado. Aunque siempre había dejado claro que no estaba haciendo promesas... no tenía tiempo para una relación seria.
Apartando la mirada del ombligo de Miley, Nick se pasó una mano por el pelo.
—¿Lista?
—Sí, vámonos.
Empezaron a correr por la playa y, veinte minutos después, temió que Miley cayera desmayada.
—Aquí hay un café. ¿Quieres que paremos un rato?
Ella se detuvo y lo miró a los ojos con una mezcla de agotamiento y alivio.
—¿Tú quieres parar?
—Si te desmayas, llevarte en brazos hasta tu casa con esta pierna mía va a ser un problema.
—¿Quieres decir que no estoy en forma?
—En absoluto. Yo creo que estás muy en forma. Pero puede que te falte un poco de práctica.
Miley abrió la boca para protestar, pero pareció pensárselo mejor.
—Deja que te invite a desayunar.
—Estoy tan agotada que no sé si podré comer.
—Seguro que sí.
No se había equivocado. Después de tres vasos de agua, un zumo de naranja y una taza de café, Miley se lanzó sobre las tortitas y los huevos con beicon como si no hubiera comido en varios días.
—¿Más sirope? —preguntó Nick.
—No, gracias.
—¿Más tortitas?
Ella sonrió, con la boca llena.
—Vamos, dilo.
—¿Decir qué?
—Que estoy muerta de hambre. ¿Cómo lo sabías?
—Si lo que vi en tu cocina es una indicación de lo que hay dentro de la nevera, debías estar muerta de hambre. Los cereales no satisfacen a nadie.
—A mí sí.
—¿Cuándo fue la última vez que tomaste proteínas?
—No hace mucho —contestó ella a la defensiva.
—Estupendo. ¿Qué tomaste?
—La semana pasada tomé algo de queso...
Como tenía la boca llena, el resto de la frase resultó ininteligible.
—¿Queso con qué?
Miley empezó a jugar con su tenedor.
—Queso con galletitas.
—Ah, ya veo. ¿Estás a dieta?
—No. Es que cuando tengo mucho trabajo atrasado, se me olvida comer.
—Te entiendo. Cuando tengo mucho lío, yo sólo tomo cacahuetes y café.
—Me alegra saber que a veces también tú te dejas llevar por tus más bajos instintos —rió Miley—. Pero sospecho que no ocurre a menudo.
No tan a menudo como a él le gustaría, pensó, mientras la veía llevarse una fresa a la boca.
—¿Seguro que quieres pasar todo el día rascándote?
Ella lo miró, boquiabierta.
—¿Cómo sabes que soy alérgica?
—Me lo contó Liam.
—Será tonto... ¿Qué más te contó?
—Lo sé todo sobre tu familia, tu salud, tu educación, tu trabajo, tu vida amorosa...
—No me lo puedo creer. Tú lo sabes todo sobre mí y yo de ti sólo sé lo listo que Liam decía que eras, lo buen líder que Liam decía que eras y lo rápido que puedes correr.
—Ya no puedo correr tan rápido.
—Corres más deprisa que yo.
—Sí, pero es que tú no estás en f... —Nick no terminó la frase.
—Oye, que yo no me he entrenado con los marines, no puedo tener un cuerpo lleno de músculos como ustedes —replicó ella, levantando la barbilla—. Mira esos bíceps... eres un fortachon.
Nick sonrió. El halago, aunque a trasmano, le había producido una extraña alegría.
—Créeme, tu cuerpo no es precisamente desagradable a la vista.
Miley lo miró a los ojos y... pasó algo. No sabía qué.
—Eres muy amable. Y gracias por el desayuno, pero creo que ya puedo volver a mi casa —dijo, sonriendo—. Ahora tengo la excusa de que no se puede hacer ejercicio después de comer.
—Ah, es verdad —rió Nick, dejando un par de billetes sobre la mesa—. Espero que te haya gustado sentir la brisa del mar en la cara, el sol sobre tu piel...
—La amenaza de infarto —lo interrumpió ella—. ¿Seguro que a los marines no los entrenan para convertirlos en sádicos? —le preguntó mientras salían del café.
—No —contestó él, mirando su trasero. «Puedes mirar, pero no tocar»—. Masoquistas. Somos todos masoquistas.


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MUAAAJAAJAAAAAAAAA HASTA ACA POR HOY CHICAS :D CAPAZ, NO PROMETO NADA, MAÑANA SUBA DE LA OTRA NOVE :D BESITOS ♥

5 comentarios:

  1. jajajajajjaja
    Agus me encanto TODO
    pero lo ultimo me mato «Puedes mirar, pero no tocar»
    y luego dice qe son masoquistas jajaja
    me facino ya qiero mas (cuando puedas ;)
    Muchos besitos y abrazos!!!

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  2. encantada con la novela tan lindaaaa, sigo pensando que se párese a la movie de zac y estuvo bueno lo ultimo pero ohh nick pronto podrás tocar. sube pronto agus cuidate hermosa.

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  3. ahhh tienes que seguirla no seas cruel siguela ahhhh

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  4. siguela linda!!... siii siii siguelaaa!!!!!!!!!!! me gusta muchoo!!!!!!!!!...... publica ya!! okya :) TE QUIERO.. besos

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  5. Me encantooooooo!! siguela! esta buenisima!! :)

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